¡Todas son iguales!

El bueno de Linus Torvalds. ¿Cuál es su distro favorita?
¡Pues no debería importarte tanto!
No es que me haya vuelto de repente un resentido machistoide o un forever alone. Afortunadamente no todos los linuxeros respondemos al mismo arquetipo. En mi caso estoy felizmente casado, y en casa estamos mi mujer y yo, más tres niños, dos gatos y un hámster. Ah, y un pez en el huerto.

Porque en realidad no se puede decir que todos los linuxeros seamos iguales. Ni en edad, ni sexo, ocupación, nacionalidad, ideología, creencias (o no), nivel informático ni casi ninguna otra característica física o mental. A lo que se refiere el título del post  es a las distribuciones Linux. En realidad quiero explicar justo lo contrario: no todas las distribuciones son iguales.


La bendita/maldita diversidad de Linux hace que haya distribuciones muy diferentes. Desde la facilidad y orientación al usuario que no quiere complicarse la vida de algunas como Mint o ElementaryOS hasta la complejidad de otras como Arch o Gentoo que están hechas para gente que sabe lo que se hace y les gusta controlar cada aspecto de su sistema.

Entre ambos extremos encontramos distribuciones para usos muy particulares. Distros para científicos, para artistas multimedia, para llevar servidores Web; pensadas para una empresa de viajes, para el sistema educativo de una región entera, o la administración de una ciudad concreta, para obsesos de la seguridad, para enamorados del Corán o la Biblia, para admiradores de Justin Bieber...

Y por supuesto, un montón de distros -diría que la mayor parte de ellas- que en principio están pensadas para usuarios de nivel medio, y que traen una serie de paquetes genéricos instalados por defecto que más o menos nos valen para todo lo del día a día.

La mayoría de usuarios acabamos pasando por varias de ellas o adoptando una en concreto como distro de cabecera, aunque no cesen las pruebas con otras.

Mi escritorio hace unos días.
En mi caso he pasado por varias pero finalmente mi distro favorita -al menos por ahora- es Chakra Linux, una derivada de Arch Linux que se orienta fuertemente hacia KDE, pero que más o menos me sirve para todo lo que necesito a diario, desde navegar o escuchar música hasta diseñar tipografías con FontForge o pasar un ratito divertido dibujando dinosaurios en escenas imposibles con TuxPaint.

Lo que me queda claro de todo esto es que cada una tiene su público, y cada persona puede encontrar una distro que le vaya mejor que las demás. Por eso no le veo sentido a las guerras de distros o las discusiones sobre ellas. El "la mía más" puede estar bien para el patio del colegio pero me parece tonto en una cuestión tan personal, tan poco transferible.

Está bien probar distros y muchas veces nos llevamos sorpresas. Buenas o malas. Por ejemplo, yo tardé casi un año en animarme a probar Chakra, porque creía -erróneamente- que los programas de Mint no los encontraría en una distro tan restrictiva. Y bastante rabia que me da, me perdí un buen año de Chakra Linux. También intenté varias veces acostumbrarme a Ubuntu con Unity. Y no. Casi, pero no.

Realmente, en seguida podemos ver si una distribución Linux nos resulta cómoda, convincente o simpática nada más probarla. Y por más que nos hayamos sentido atraídos por una distro de la que sus usuarios hablaban maravillas, puede ser que a nosotros en concreto nos molesten algunos detalles o simplemente le falten algunas utilidades y aplicaciones sin las cuales no podríamos vivir.

En fin, que no todas son iguales. Quizá para quien acaba de aterrizar desde Windows o Mac esto le puede parecer extraño, pues al fin y al cabo casi todas las distros de Linux manejan los mismos paquetes y de forma parecida.

Pues no. Hay enormes, enormísimas diferencias entre distribuciones. Incluso cuando comparten un origen evolutivo, como es el caso de Debian, Ubuntu, Crunchbang, Mint, LXLE, Siduction, Elementary... o Arch, Antergos, Manjaro, Chakra, KaOS... A veces distros de familias diferentes como Manjaro y Mint (una "rolling" y una "point"; una de pacman, otra de apt) convergen en su filosofía y se parecen en su "experiencia de usuario" más que otras que son madre e hija (Ubuntu y ElementaryOS, por ejemplo). En general podríamos decir que cada distro se orienta en una u otra dirección y toma decisiones propias a la hora de elegir escritorios, paquetespor defecto, librerías... En algunos casos la libertad elección que todavía le queda al usuario es apabullante, mientras que en otros casos el usuario ha de adaptarse a un entorno bastante acotado. ¡Pero es que la libertad de GNU/Linux incluye también poder limitarnos si lo consideramos ventajoso!

Francamente, cada vez me convenzo más de que no hay distros "mejores" y "peores" (si hablamos de las más respetadas) sino distribuciones que se adaptan mejor o peor a nosotros o que nos gustan más o menos. Se podría decir, casi sin miedo a equivocarse, que cuando alguien dice "mi distro es la mejor" no hay que hacer ni caso. En realidad yo solía decir "debes bloquear a" o "huye de". Pero en fin, mejor ignoremos -sencillamente- este tipo de consejos. Porque no aportan nada. De nada nos valdrá que a Perico le guste mucho el chocolate si a nosotros nos resulta indigesto. Nos podemos dejar aconsejar de quien sabe nuestros gustos y tiene más experiencia. Eso seguramente nos ayudará al principio. Pero a lo largo del tiempo debemos ir curtiendo nuestras preferencias y aprendiendo a arreglar los problemas que surjan por nuestra cuenta. Poco a poco el ir explorando diferentes posibilidades, adaptándolas a nuestras máquinas y nuestra propia experiencia y gustos, nos traerá el fin del temido distro-hopping.